Codal
nydus/The Sound and the FuryPublic
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Ocho de abril de 1928

—No te preocupes tú —dijo Dilsey—, yo vi el principio y ahora veo el final.

Antes de llegar a la calle, sin embargo, ella se detuvo, se levantó la falda y se secó los ojos con el dobladillo de su enagua superior. Luego siguieron adelante.

Ben deambulaba a tropezones junto a Dilsey, mirando a Luster, que iba haciendo payasadas por delante, con el paraguas en la mano y su nuevo sombrero de paja inclinado con descaro bajo la luz del sol, como un perro grande y tonto que mira a uno pequeño y listo.

Llegaron a la puerta y entraron. Inmediatamente Ben volvió a sollozar, y durante un momento todos miraron hacia el camino de entrada, contemplando la casa cuadrada y sin pintura con su pórtico podrido.

—¿Qué e' lo que pasa allá arriba hoy? —dijo Frony—. Algo pasa.

—Ná —dijo Dilsey—. Ocúpate de tus asuntos y deja que los blancos se ocupen de los suyos.

—Algo pasa —dijo Frony—. Lo oí a primera hora de esta mañana. Aunque no es asunto mío.

—Y yo sé el qué también —dijo Luster.

—Sabes más de lo que te hace falta —dijo Dilsey—. ¿No acabas de oír a Frony decir que no es asunto tuyo? Lvíjate a Benjy a la parte de atrás y tenlo callado hasta que sirva la cena.

—Yo sé dónde está la señorita Quentin —dijo Luster.

—Quédate con él, dilo Dilsey—. Tan pronto como Quentin necesite algún consejo tuyo, te avisaré. Váyanse a jugar al fondo, ahora.

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