—Morir no lo es todo. —dijo Roskus.
—Yo sé lo que estás pensando —dijo Dilsey—. Y no va a haber ninguna buena suerte en decir ese nombre, a menos que vayas a velarlo mientras llora.
—Aquí no hay suerte que valga —dijo Roskus—. Lo vi desde el principio, pero cuando le cambiaron el nombre, lo supe con certeza.
“Cállate la boca”, dijo Dilsey. Subió las cobertores. Olía a T. P. “Cállense todos ahora, hasta que se duerma”.
“Yo vi el letrero”. Dijo Roskus.
—Haz de cuenta que T. P. tiene que hacerte todo el trabajo a ti —dijo Dilsey.
- Llévate a Luster y a Quentin abajo a la casa y déjalos jugar con Luster, donde Frony pueda vigilarlos, T. P., y ve a ayudarle a tu papá.
Terminamos de comer. T. P. subió a Quentin y bajamos a la casa de T. P.
Luster estaba jugando en la tierra. T. P. bajó a Quentin y ella también jugó en la tierra.
Luster tenía unos carreteles y él y Quentin pelearon y Quentin se quedó con los carreteles. Luster lloró y Frony vino y le dio a Luster una lata vacía para jugar, y entonces yo tuve los carreteles y Quentin peleó conmigo y yo lloré.
“Guarda silencio —dijo Frony—. No te da vergüenza. Quitarle su juguete a un bebé”.
Me quitó los carretes y se los devolvió a Quentin.