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nydus/History of the Peloponnesian WarPublic
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V. Segundo Congreso en Lacedemonia

Vencido el medo, el gran Pausanias alzó este monumento para loor de Febo.

Por entonces, los lacedemonios habían borrado el dístico, inscrito los nombres de las ciudades que habían contribuido a derrocar al bárbaro y dedicado la ofrenda.

Con todo, se consideró que Pausanias había cometido allí una grave falta que, interpretada a la luz de la actitud que había adoptado desde entonces, cobraba un nuevo significado y parecía guardar total consonancia con sus actuales planes.

Además, se les informó que incluso estaba conspirando con los ilotas; y tal era en efecto el caso, pues les prometía la libertad y la ciudadanía si se unían a él en la insurrección y le ayudaban a llevar a cabo sus planes hasta el final.

Aun ahora, desconfiando de las pruebas aportadas por los propios ilotas, los éforos no consentían en tomar ninguna medida decisiva contra él; de acuerdo con su costumbre habitual respecto a ellos mismos, a saber, la de ser lentos en adoptar cualquier resolución irrevocable en el asunto de un ciudadano espartano sin pruebas indiscutibles.

Al fin, según se cuenta, el hombre que iba a llevar a Artabazo la última carta para el rey, un natural de Argilos, que en otro tiempo había sido el favorito y el servidor más fiel de Pausanias, se convirtió en delator.

Alarmado por la reflexión de que ninguno de los mensajeros anteriores había regresado jamás, tras haber falsificado el sello —con el fin de que, si resultaban equivocadas sus conjeturas, o si Pausanias pedía hacer alguna corrección, no fuera descubierto—, desató la carta y encontró la posdata que había sospechado, a saber: una orden para que lo mataran.

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