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nydus/History of the Peloponnesian WarPublic
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XVI. Sentimiento contra Esparta en el Peloponeso

Estando ya los ejércitos en vísperas de entablar combate, cada contingente recibió unas palabras de aliento de su propio comandante:

  • A los mantineos se les recordó que iban a luchar por su patria y para evitar volver a experimentar la servidumbre tras haber saboreado el imperio;
  • a los argivos, que contenderían por su antigua supremacía, para recuperar su porción antaño igualitaria del Peloponeso de la que tanto tiempo habían estado privados, y para castigar a un enemigo y vecino por mil agravios;
  • a los atenienses, sobre la gloria de alcanzar los honores de la jornada con tantos y tan valientes aliados en las armas, y que una victoria sobre los lacedemonios en el Peloponeso afianzaría y extendería su imperio, además de preservar el Ática de cualquier invasión en el futuro.

Estos fueron los acicates dirigidos a los argivos y a sus aliados.

Los lacedemonios, por su parte, de hombre a hombre y con sus cantos de guerra en las filas, exhortaban a cada valiente camarata a recordar lo que ya había aprendido; bien conscientes de que el largo entrenamiento de la acción poseía una virtud salvadora mayor que cualquier breve exhortación verbal, por muy bien proferida que fuera.

Tras esto trabaron combate, avanzando los argivos y sus aliados con precipitación y furia, y los lacedemonios lentamente y al son de muchos flautistas⁠—una institución permanente en su ejército, que nada tiene que ver con la religión, sino que pretende hacerlos avanzar de manera uniforme, marcando el paso, sin romper su formación, como suelen hacer los grandes ejércitos en el momento de entrar en combate.

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