A la llegada de la embajada, los atenienses arrestaron a los enviados y a todos los que los escuchaban, considerándolos revolucionarios, y los recluyeron en Egina.
Mientras tanto, al llegar a la isla una galera corintia con enviados lacedemonios, el partido corcireo dominante atacó a los populares y los derrotó en combate.
Al caer la noche, los populares se refugiaron en la Acrópolis y en las zonas más altas de la ciudad, y se concentraron allí, teniendo además el control del puerto Hílaico; sus adversarios ocupaban el ágora, donde residía la mayoría de ellos, y el puerto contiguo, orientado hacia el continente.
El día siguiente transcurrió en escaramuzas de poca importancia, enviando cada bando emisarios al campo para ofrecer la libertad a los esclavos e invitarlos a unirse a ellos.
La masa de los esclavos respondió al llamamiento de los plebeyos; sus antagonistas se vieron reforzados por ochocientos mercenarios del continente.
Tras un día de tregua se