las demás insignias de guerra; y nosotros nos encargaremos de vigilar y ordenar esto, y de enviar emisarios a las ciudades para reconocer el terreno y hacer todo lo demás que pueda parecer conveniente. Parte de esto ya lo hemos atendido, y cuanto descubramos os será
Tras estas palabras del general, los siracusanos se retiraron de la asamblea.
Mientras tanto, los atenienses con todos sus aliados ya habían llegado a Corcira.
Allí los generales comenzaron por pasar revista de nuevo al armamento, y tomaron disposiciones en cuanto al orden en el que debían fondear y acampar, y dividiendo toda la flota en tres divisiones, asignaron una a cada uno de ellos, para evitar navegar todos juntos y verse así apurados por falta de agua, puerto o víveres en las escalas que pudieren hacer, y al mismo tiempo para estar en general mejor ordenados y ser más fáciles de manejar, al tener cada escuadrón su propio comandante.
A continuación enviaron tres naves a Italia y Sicilia para averiguar cuáles de las ciudades los recibirían, con instrucciones de salir a su encuentro en el camino y avisarles antes de tocar tierra.