ofrece ahora!; haced como los demás y, en lugar de estar siempre a la defensiva contra los siracusanos, uníos a nosotros y
Tales fueron las palabras de Eufemo.
Lo que sentían los camarineos era lo siguiente. Simpatizando con los atenienses, salvo en la medida en que pudieran temer que subyugaran Sicilia, siempre habían estado enemistados con su vecina Siracusa. Del hecho mismo, sin embargo, de que eran sus vecinos, temían a los siracusanos más que a los otros y, ante el temor de que los conquistaran incluso sin ellos, tanto les enviaron en un principio los pocos jinetes mencionados como decidieron respaldarlos en lo sucesivo de hecho, aunque tan parcamente como fuera posible; pero por el momento, para no parecer desdeñar a los atenienses, especialmente por haber tenido éxito en el enfrentamiento, respondieron a ambos por igual.
De acuerdo con esta resolución, respondieron que, como ambas partes contendientes resultaban ser aliadas suyas, consideraban más acorde con sus juramentos por el momento no ponerse de parte de ninguna; con cuya respuesta los embajadores de uno y otro bando se marcharon.