Melios. “De modo que no consentiríais en que fuésemos neutrales, amigos en lugar de enemigos, pero aliados de ninguna de las partes.” Atenienses. “No; porque vuestra hostilidad no nos perjudica tanto como vuestra amistad sería para nuestros súbditos una prueba de nuestra debilidad, y vuestra enemistad, de nuestro poder.” Melios. “¿Es esa la idea de equidad que tienen vuestros súbditos, poner a los que no tienen nada que ver con vosotros en la misma categoría que a los pueblos que en su mayoría son vuestros propios colonos y algunos, rebeldes conquistados?” Atenienses. “En lo que a la justicia se refiere, consideran que unos tienen tanta como otros, y que si algunos conservan su independencia es porque son fuertes, y que si nosotros no los molestamos es porque tenemos miedo; de modo que, además de extender nuestro imperio, ganaríamos en seguridad con vuestra subyugación; el hecho de que seáis isleños y más débiles que otros hace aún más importante que no logréis burlar a los amos del mar.” Melios. “Pero ¿acaso consideráis que no hay seguridad en la política que os indicamos? Pues aquí también, si nos impedís hablar de justicia y nos invitáis a obedecer vuestro interés, nosotros debemos asimismo exponer el nuestro y tratar de persuadiros, si da la casualidad de que ambos coinciden. ¿Cómo podéis evitar convertiros en enemigos de todos los neutrales actuales que consideren nuestro caso y piensen que tarde o temprano los atacaréis? ¿Y qué es esto sino acrecentar los enemigos que ya tenéis y obligar a convertirse en tales a otros que jamás lo habrían pensado?” Atenienses. “Pues bien, el hecho es que los continentales por lo general nos dan muy poca alarma; la libertad de que disfrutan impedirá durante mucho tiempo que tomen precauciones contra nosotros; sois más bien los isleños como vosotros, fuera de nuestro imperio, y los súbditos que
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XVII. El diálogo de los melios
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