seréis tan ciegos como para elegir lo peor. Y es seguro que aquellos que no ceden ante sus iguales, que cumplen los términos con sus superiores y son moderados con sus inferiores, son los que en general salen mejor parados. Pensad, pues, en el asunto tras nuestra retirada, y reflexionad una y otra vez que es por vuestro país por lo que estáis deliberando, que no tenéis más que uno y que de esta única deliberación depende su prosperidad o su ruina.”
Los atenienses se retiraron entonces de la conferencia; y los melios, dejados a sí mismos, tomaron una decisión acorde con lo que habían sostenido en la discusión, y respondieron:
«Nuestra resolución, atenienses, es la misma que al principio. No privaremos en un momento de la libertad a una ciudad que ha estado habitada durante estos setecientos años; sino que confiamos en la fortuna con la que los dioses la han preservado hasta ahora, y en la ayuda de los hombres, es decir, de los lacedemonios; y así intentaremos salvarnos. Entre tanto, os invitamos a permitirnos ser amigos vuestros y enemigos de ninguna de las dos partes, y a retiraros de nuestro país tras hacer un tratado que nos parezca adecuado a ambos».