También podían contar con sorprender a muchos en los campos de afuera, incrédulos de su llegada; y en el momento en que el enemigo estuviera poniendo a buen recaudo sus bienes, al ejército no le faltaría botín si se apostaba con todas sus fuerzas ante la ciudad. El resto de los sículos se mostraría así de inmediato menos dispuesto a entablar alianzas con los siracusanos, y se uniría a los atenienses sin esperar a ver cuáles eran los más fuertes. Debían hacer de Mégara su estación naval como lugar de retirada y base desde la cual atacar: era un sitio deshabitado no muy distante de Siracusa ni por tierra ni por mar.
Después de hablar en este sentido, Lámaco, sin embargo, dio su apoyo a la opinión de Alcibíades. Tras esto, Alcibíades cruzó en su propia nave hacia Mesina con propuestas de alianza, pero no tuvo éxito; los habitantes respondieron que no podían recibirlo dentro de sus murallas, aunque le proporcionarían un mercado en el exterior. Ante esto, navegó de regreso a Regio. Inmediatamente a su regreso,