grandes ganancias, nos abandonan ya sea desertando al enemigo o aprovechando una u otra de las diversas facilidades de escape que la magnitud de Sicilia les ofrece. Algunos incluso se dedican al comercio por su cuenta y persuaden a los capitanes para que tomen a esclavos de Hícara a bordo en su lugar; de este modo han arruinado la eficacia de nuestra armada. > “Ahora bien, no necesito recordaros que el tiempo durante el cual una tripulación está en su plenitud es breve, y que el número de marineros que pueden poner una barca en marcha y mantener el ritmo del remo es pequeño. Pero, con mucho, mi mayor problema es que, ocupando el puesto que ocupo, la natural indocilidad del marinero ateniense me impide poner fin a estos males; y que, mientras tanto, no tenemos ninguna fuente de la que reclutar nuestras tripulaciones, cosa que el enemigo puede hacer desde muchos frentes, sino que nos vemos obligados a depender, tanto para suministrar las tripulaciones en servicio como para reparar nuestras pérdidas, de los hombres que trajimos con nosotros. Pues nuestros actuales confederados, Naxos y Catana, son incapaces de abastecernos. Solo falta una cosa más para nuestros oponentes, me refiero a la defeción de nuestros mercados italianos. Si vieran que vosotros descuidáis el socorrernos en nuestra situación actual y se pasaran al enemigo, el hambre nos obligaría a evacuar, y Siracusa terminaría la guerra sin dar un golpe. > “Podría, es verdad, haberos escrito algo diferente y más agradable que esto, pero nada ciertamente más útil, si es deseable que conozcáis el estado real de las cosas aquí antes de tomar vuestras medidas. Además,
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XXI. Años decimosectivo y decimoseptimo de la guerra
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