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I. Diario de Jonathan Harker

conde todo acerca de ellas). > > No dormí bien, a pesar de que la cama era bastante cómoda, pues tuve toda clase de sueños extraños. Hubo un perro aullando toda la noche bajo mi ventana, lo cual tal vez tuviera algo que ver; o quizás fuera el pimentón, pues tuve que beberme toda el agua de mi jarra y seguía teniendo sed. Hacia la mañana me dormí y me despertó unos golpes continuos en la puerta, así que supongo que a esas horas ya estaría durmiendo profundamente. Desayuné más pimentón y una especie de gachas de harina de maíz que llamaban «mamaliga», además de berenjenas rellenas de carne picada, un plato excelente que llaman «impletata». (Nota: conseguir también la receta de esto). Tuve que apresurarme con el desayuno, porque el tren salía poco antes de las ocho, o más bien debería haberlo hecho, pues tras correr a la estación a las 7:30 tuve que sentarme en el vagón durante más de una hora antes de que echáramos a andar. Me da la impresión de que cuanto más al este vas, más impuntuales son los trenes. ¿Cómo serán en China? > > Durante todo el día pareció que serpenteábamos perezosamente por un paisaje lleno de belleza de todas clases. A veces veíamos pueblecitos o castillos en la cima de colinas escarpadas como los que vemos en los misales antiguos; a veces corríamos junto a ríos y arroyos que, por el amplio margen pedregoso a ambos lados, parecían estar sujetos a grandes crecidas. Hace falta muchísima agua, y corriendo con fuerza, para barrer los márgenes exteriores de un cauce. En cada estación había grupos de personas, a veces multitudes, y con atuendos de lo más variado. Algunas eran exactamente iguales a los campesinos de mi tierra o a los que vi al cruzar Francia

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