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Diario de Jonathan Harker

ventana, se abalanzó hacia delante y gritó con voz cargada de amenaza:⁠— «¡Monstruo, devuélveme a mi hijo!». Se arrodilló y, levantando las manos, exclamó las mismas palabras con tonos que me desgarraron el corazón. Luego se arrancó los cabellos, se golpeó el pecho y se entregó a todos los furores de una emoción desmedida. Por último, se arrojó hacia delante y, aunque no podía verla, alcancé a oír los golpes de sus manos desnudas contra la puerta. En algún lugar muy alto, por encima de mí, probablemente en la torre, oí la voz del Conde que llamaba en su susurro áspero y metálico. Su llamada pareció ser respondida a lo lejos y a lo ancho por los aullidos de los lobos. Antes de que pasaran muchos minutos, una jauría de ellos se precipitó, como el agua de una presa contenida al ser liberada, a través de la amplia entrada hacia el patio. No hubo grito alguno por parte de la mujer, y el aullido de los lobos duró poco. Al poco rato se alejaron en fila de uno en uno, lamiéndose los labios. No pude sentir compasión por ella, pues ya sabía qué había sido de su hijo, y más le valía estar muerta. ¿Qué haré? ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo escapar de esta espantosa criatura de la noche, la penumbra y el miedo?

25 de junio, por la mañana. ⁠—Ningún hombre sabe, hasta que ha sufrido la noche, cuán dulce y cuán querida para

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