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XIII. El diario del Dr. Seward

que este último fue a la cocina para decirles a los hombres de la funeraria que siguieran con los preparativos y atornillasen el ataúd. Cuando salió de nuevo de la habitación, le conté la pregunta de Arthur, y él respondió:⁠—

“No me extraña. ¡Hace un momento yo mismo he dudado un instante!”

Todos cenamos juntos, y pude ver que el pobre Art se esforzaba por ver el lado bueno de las cosas. Van Helsing había estado callado durante toda la cena; pero cuando encendimos los puros, dijo:⁠—

“Señor—”;

pero Arthur lo interrumpió:⁠—

“¡No, no, eso no, por Dios! al menos todavía no. Perdóneme, señor: no era mi intención hablar de manera ofensiva; es solo que mi pérdida es muy reciente”.

El Profesor respondió muy dulcemente:⁠—

“Solo usé ese nombre porque tenía dudas. No debo llamarte «Sr.», y he llegado a amarte —sí, querido muchacho, a amarte— como a Arthur”.

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