lo que me atreví a acercarme más, sobre todo porque mis hombres ya habían cruzado el muro y lo estaban cercando. Lo oí decir:— «Estoy aquí para cumplir Tus órdenes, Amo. Soy Tu esclavo, y Tú me recompensarás, porque seré fiel. Te he adorado durante mucho tiempo y desde lejos. Ahora que estás cerca, aguardo Tus mandamientos, y no pasarás de largo junto a mí, ¿verdad, querido Amo, en Tu reparto de bienes?». De cualquier modo, es un viejo egoísta y mezquino. Piensa en los panes y los peces aun cuando cree estar ante una Presencia Real. Sus manías forman una combinación alarmante. Cuando lo cercamos, luchó como un tigre. Es inmensamente fuerte, pues se parecía más a una bestia salvaje que a un hombre. Jamás había visto a un lunático en semejante paroxismo de furia, y espero no volver a verlo. Es una bendición que hayamos descubierto su fuerza y su peligrosidad a tiempo. Con una fuerza y una determinación como la suya, habría podido hacer de las suyas antes de ser enjaulado. De cualquier modo, ahora está a salvo. Ni el propio Jack Sheppard podría librarse de la camisa de fuerza que lo retiene, y está encadenado a la pared en la celda acolchada. Sus gritos a veces son espeluznantes, pero los silencios que les siguen son aún más mortíferos, pues destila asesinato en cada giro y movimiento. Justo ahora pronunció palabras coherentes por primera vez:— «Seré paciente, Amo. ¡Ya viene, ya viene, ya viene!». Así que seguí el consejo y vine también yo. Estaba demasiado excitado para dormir, pero este diario me ha calmado y siento que podré dormir algo esta
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VIII. Diario de Mina Murray
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