Supongo que ahora yo también sé el secreto. ¡Era este loco el que se había deshecho de los hombres uno por uno, y ahora él mismo los ha seguido! ¡Dios me ampare! ¿Cómo voy a dar cuenta de todos estos horrores cuando llegue a puerto? ¡Cuando llegue a puerto! ¿Llegará a ser eso alguna vez?
4 de agosto. —Sigue la niebla, que la salida del sol no puede atravesar. Sé que ha salido el sol porque soy marino, el porqué de lo demás lo ignoro. No me atreví a bajar, no me atreví a dejar el timón; así que aquí me quedé toda la noche, y en la penumbra de la noche vi a Eso... ¡A Él! Dios me perdone, pero el segundo tenía razón al saltar por la borda. Era mejor morir como un hombre; morir como un marino en aguas profundas es algo a lo que nadie puede oponerse. Pero soy capitán, y no debo abandonar mi barco. Sin embargo, frustraré a este demonio o monstruo, pues ataré mis manos a la rueda cuando mis fuerzas empiecen a fallar, y junto con ellas ataré aquello que Él —¡Eso!— no se atreve a tocar; y entonces, sople buen viento o malo, salvaré mi alma y mi honor como capitán. Me voy debilitando, y se acerca la noche. Si Él vuelve a