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V. 9 de mayo

pensamos que un hombre nos salvará de los miedos, y nos casamos con él. Ahora sé lo que haría si fuera un hombre y quisiera hacer que una chica me amara. No, no lo sé, porque ahí estaba el Sr. Morris contándonos sus historias, y Arthur nunca contó ninguna, y sin embargo... Querida, me estoy adelantando a los acontecimientos. El Sr. Quincey P. Morris me encontró sola. Parece que un hombre siempre encuentra a una chica sola. No, no es así, porque Arthur intentó dos veces buscar la ocasión, y yo ayudándole en todo lo que podía; no me avergüenza decirlo ahora. Debo advertirte de antemano que el Sr. Morris no habla siempre en jerga; es decir, nunca lo hace con extraños o delante de ellos, porque tiene una excelente educación y unos modales exquisitos; pero descubrió que me divertía oírle hablar en jerga americana, y siempre que yo estaba presente, y no había nadie a quien escandalizar, decía cosas muy graciosas. Me temo, querida, que tiene que inventárselo todo, porque encaja exactamente con cualquier otra cosa que tenga que decir. Pero esa es una forma que tiene la jerga. No sé si alguna vez hablaré en jerga; no sé si a Arthur le gusta, ya que nunca se lo he oído usar hasta ahora. Bueno, el Sr. Morris se sentó a mi lado y se mostró tan feliz y alegre como pudo, pero aun así noté que estaba muy nervioso. Tomó mi mano entre las suyas y dijo de la manera más dulce: > > «Señorita Lucy, sé que no soy digno ni de limpiarle el polvo de los zapatos, pero me figuran que si espera a encontrar un hombre que lo sea, se irá a reunir con aquellas siete vírgenes de las lámparas cuando cuelgue los hábitos. ¿Por qué no se acopla a mi lado

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