se sentó al borde de la cama. El colapso se había producido, como en ocasiones anteriores, tal como lo había esperado. Al salir de la habitación, siendo el último de nuestro grupo, me dijo con voz tranquila y educada:— «Tendrá usted la bondad, Dr. Seward, de hacerme la justicia de tener presente, más adelante, que hice lo que pude para convencerle esta
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XVIII. Diario del Dr. Seward
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