todas las fuerzas de la naturaleza que son ocultas, profundas y fuertes deben de haber trabajado juntas de algún modo maravilloso. El mismo lugar donde ha vivido, No-Muerto durante todos estos siglos, está lleno de extrañas peculiaridades del mundo geológico y químico. Hay cavernas profundas y fisuras cuyo destino nadie conoce. Ha habido volcanes, algunas de cuyas aberturas aún emiten aguas de extrañas propiedades y gases que matan o reviven. Sin duda, hay algo magnético o eléctrico en algunas de estas combinaciones de fuerzas ocultas que obran de manera extraña para la vida física; y en él mismo hubo desde el principio grandes cualidades. En una época dura y guerrera fue célebre por tener más nervio de acero, un cerebro más sutil y un corazón más valiente que cualquier otro hombre. En él, algunos principios vitales han hallado de forma extraña su máxima expresión; y a medida que su cuerpo se mantiene fuerte, crece y prospera, su cerebro también lo hace. Todo esto sin esa ayuda diabólica que sin duda posee; pues esta ha de rendirse ante los poderes que provienen de el bien y son símbolos de él. Y ahora esto es lo que él es para nosotros. Él la ha infectado —oh, discúmpeme, querida, por tener que decir tal cosa; pero hablo por su propio bien—. La ha infectado de tal manera que, incluso si no hace nada más, a usted solo le queda vivir —vivir a su antigua y dulce manera—; y así, con el tiempo, la muerte, que es parte del destino común del hombre y cuenta con la sanción de Dios, la hará semejante a él. ¡Esto no debe ser! Hemos jurado juntos que no debe ser. Así somos ministros de la propia voluntad de Dios: que el mundo y los hombres por los que Su Hijo murió no sean entregados a monstruos cuya propia existencia Le difamaría. Él nos
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