al insistir en que se la mantuviera al margen de este terrible asunto. Debo ser firme, pues sobre mí debe recaer esta carga particular de silencio. Jamás abordaré el tema con ella bajo ninguna circunstancia. En verdad, quizás no sea una tarea difícil después de todo, pues ella misma se ha vuelto reticente al respecto y no ha vuelto a hablar del Conde ni de sus acciones desde que le comunicamos nuestra
2 de octubre, por la tarde. —Un día largo, agotador y emocionante. Con el primer correo llegó el sobre dirigido con un sucio trozo de papel en su interior, en el que estaba escrito con un lápiz de carpintero y con letra desgarbada:—
“Sam Bloxam, Korkrans, 4, Poters Cort, Bartel Street, Walworth. Arsk for the depite.”
Recibí la carta en la cama, y me levanté sin despertar a Mina. Parecía abatida, adormilada y pálida, y muy lejos