por todos lados. Sentí un miedo terrible, y los caballos compartieron mi temor. El cochero, sin embargo, no estaba en lo más mínimo perturbado; no dejaba de girar la cabeza a izquierda y derecha, pero yo no conseguía ver nada a través de la oscuridad. > > De pronto, muy a nuestra izquierda, vi una tenue y parpadeante llama azul. El cochero la vio al mismo tiempo; detuvo los caballos de inmediato y, saltando a tierra, desapareció en la oscuridad. No sabía qué hacer, tanto más cuanto que el aullido de los lobos se acercaba; pero mientras me preguntaba qué pasaba, el cochero apareció de repente y, sin decir palabra, ocupó su asiento y reanudamos la marcha. Creo que debí de quedarme dormido y seguí soñando con el incidente, pues parecía repetirse sin fin y, ahora al recordarlo, es como una especie de horrible pesadilla. En una ocasión la llama apareció tan cerca del camino que, aun en la oscuridad que nos rodeaba, pude observar los movimientos del cochero. Se dirigió rápidamente hacia donde surgía la llama azul —debía de ser muy débil, pues no parecía iluminar en absoluto el lugar que la rodeaba— y, recogiendo unas cuantas piedras, las dispuso formando algún diseño. En otra ocasión se produjo un extraño efecto óptico: cuando se puso entre mí y la llama, no la obstruyó, pues pude ver su parpadeo fantasmal de todos modos. Esto me sobresaltó, pero como el efecto fue solo momentáneo, supuse que mis ojos me engañaban al esforzarse en la oscuridad. Luego, durante un tiempo, no hubo llamas azules, y avanzamos a toda velocidad a través de la penumbra, con el aullido de los lobos a nuestro alrededor, como si nos siguieran en un círculo en movimiento. > > Por fin llegó un momento en que el cochero se alejó más que antes y,
Table of Contents
I. Diario de Jonathan Harker
25