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I. Diario de Jonathan Harker

el verso de la «Lenore» de Bürger: > > Los muertos viajan deprisa. > > El extraño cochero oyó evidentemente las palabras, pues alzó la vista con una sonrisa brillante. El pasajero apartó el rostro mientras extendía los dos dedos y se santiguaba. > > —Déme el equipaje del Herr —dijo el cochero; y con extremada presteza mis maletas fueron bajadas y colocadas en el carruaje. > > Luego descendí por el costado del coche, ya que el carruaje estaba pegado a este, y el cochero me ayudó con una mano que me agarró el brazo con un apretón de acero; su fuerza debió de ser prodigiosa. Sin decir palabra sacudió las riendas, los caballos giraron y nos adentramos a toda velocidad en la oscuridad del desfiladero. Al mirar atrás vi el vapor de los caballos del coche a la luz de los faroles, y proyectadas sobre él las figuras de mis antiguos compañeros santiguándose. Entonces el cochero chasqueó el látigo, gritó a sus caballos y partieron raudos rumbo a Bukovina. Al sumirse en la oscuridad sentí un escalofrío extraño y me invadió un sentimiento de soledad; pero me echaron una capa sobre los hombros y una manta sobre las rodillas, y el cochero dijo en un alemán excelente: > > —La noche es fría, mein Herr, y mi amo el conde me ordenó que le cuidara muy bien. Debajo del asiento hay una petaca de slivovitz (el aguardiente de ciruela del país), por si lo necesita. > > No tomé nada, pero fue un consuelo saber que estaba allí de todos modos. Me sentía un poco extrañado y no poco asustado. Creo que, de

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