mucho peor. —¡En el nombre de Dios, profesor Van Helsing, qué quiere decir? —grité. Se dejó caer con un gesto de desesperación en una silla, y apoyó los codos en la mesa, cubriéndose el rostro con las manos mientras hablaba:— —¡Fueron hechos por la señorita
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XIV. Diario de Mina Harker
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