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IX. Carta de Mina Harker a Lucy Westenra

25 de agosto. —Otra mala noche. A mamá no pareció agradarle mi propuesta. Ella misma no parece encontrarse muy bien y sin duda teme preocuparme. Intenté mantenerme despierta, y lo conseguí durante un rato; pero cuando dio las horas en el reloj, me despertó de una cabezada, así que debo haberme estado durmiendo. Hubo una especie de rasguño o aleteo en la ventana, pero no le hice caso, y como no recuerdo nada más, supongo que entonces me debí de quedar dormida. Más sueños malos. Ojalá pudiera recordarlos. Esta mañana estoy horriblemente débil. Mi rostro está cadavéricamente pálido y me duele la garganta. Debe de ser algo malo en mis pulmones, porque me parece que nunca recibo suficiente aire. Intentaré animarme cuando venga Arthur, o sé que se sentirá desgraciado al verme así.

“Albemarle Hotel, 31 de agosto. “Mi querido Jack: “Quiero pedirte un favor. Lucy está enferma; es decir, no tiene ninguna enfermedad en concreto, pero tiene un aspecto terrible y empeora cada día. Le he preguntado si hay alguna causa; no me atrevo a preguntárselo a su madre, pues inquietar la mente de la pobre señora respecto a su hija en su actual estado de salud sería fatal. La señora Westenra me ha confiado que su sentencia está dictada —una afección al corazón—, aunque la pobre Lucy todavía no lo sabe. Estoy seguro de que hay algo que atormenta la mente de mi querida muchacha. Estoy casi desesperado cuando pienso en ella; mirarla me causa dolor. Le dije que te pediría que la vieras, y aunque al principio puso objeciones —sé por qué, viejo amigo—, finalmente consintió. Sé que será una tarea penosa para ti, viejo amigo, pero es por su bien, y no debo dudar en pedirlo, ni tú en actuar. Has de venir a almorzar a Hillingham mañana a las

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