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XIV. Diario de Mina Harker

¿No? Entonces, amigo John, ¿he de entender que simplemente aceptas el hecho, y te conformas con dejar en blanco el trecho entre la premisa y la conclusión? ¿No? Entonces dime⁠—pues soy estudioso del cerebro⁠—, cómo aceptas el hipnotismo y rechazas la lectura del pensamiento. Déjame decirte, amigo mío, que hoy en día se hacen cosas en la ciencia eléctrica que habrían sido consideradas impías por los mismísimos hombres que descubrieron la electricidad⁠—quienes no mucho antes habrían sido quemados como hechiceros ellos mismos—. Siempre hay misterios en la vida. ¿Por qué fue que Matusalén vivió novecientos años, y el «viejo Parr» ciento sesenta y nueve, y sin embargo la pobre Lucy, con la sangre de cuatro hombres en sus pobres venas, no pudo vivir ni un solo día? Pues, de haber vivido un día más, la habríamos podido salvar. ¿Conoces todo el misterio de la vida y de la muerte? ¿Conoces el conjunto de la anatomía comparada y puedes decir por qué las cualidades de las bestias están en algunos hombres y no en otros? ¿Puedes decirme por qué, cuando otras arañas mueren pequeñas y pronto, esa gran araña vivió durante siglos en la torre de la vieja iglesia española y creció y creció hasta que, al descender, pudo beberse el aceite de todas las lámparas de la iglesia? ¿Puedes decirme por qué en las Pampas, ay, y en otras partes, hay murciélagos que vienen por la noche y abren las venas del ganado y los caballos y chupan hasta secar sus venas; cómo en algunas islas de los mares occidentales hay murciélagos que cuelgan de los árboles todo el día, y a los que aquellos que los han visto describen como parecidos a nueces o vainas gigantes, y que cuando los marineros duermen en la cubierta, debido a que hace calor, revolotean sobre ellos y luego⁠—y luego por

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