y Alemania, con chaquetas cortas, sombreros redondos y pantalones caseros; pero otras resultaban muy pintorescas. Las mujeres parecían bonitas, excepto cuando te acercabas a ellas, pero eran muy toscas de cintura. Todas llevaban mangas blancas y abullonadas de algún tipo y la mayoría lucía grandes cinturones con un montón de tiras colgantes que se agitaban como los trajes de un ballet, aunque por supuesto llevaban enaguas debajo. Las figuras más extrañas que vimos fueron los eslovacos, que resultaban más bárbaros que los demás, con sus grandes sombreros vaqueros, enormes pantalones anchos de color blanco sucio, camisas de lino blanco y descomunales cinturones de cuero pesado, de casi un pie de ancho, tachonados de clavos de latón. Llevaban botas altas, con los pantalones metidos por dentro, y el pelo largo y negro y poblados bigotes negros. Son muy pintorescos, pero no tienen un aspecto simpático. En un escenario se les clasificaría de inmediato como una vieja banda de bandidos orientales. Sin embargo, según me dicen, son muy inofensivos y bastante carentes de iniciativa propia. > > Ya oscurecía cuando llegamos a Bistritz, que es un lugar antiguo muy interesante. Al hallarse prácticamente en la frontera —ya que el desfiladero de Borgo conduce desde allí hasta Bucovina—, ha tenido una existencia muy tormentosa y, desde luego, muestra las huellas de ello. Hace cincuenta años se produjo una serie de grandes incendios que causaron estragos terribles en cinco ocasiones distintas. A principios mismos del siglo XVII sufrió un asedio de tres semanas y perdió 13 000 almas, a cuyas bajas propias de la guerra se sumaron el hambre y las enfermedades. > > El conde Drácula me había indicado que fuera
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I. Diario de Jonathan Harker
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