Lord Godalming me dice que duerma un rato, ya que por el momento basta con que uno esté de guardia. Pero no puedo dormir—cómo voy a hacerlo con el terrible peligro que se cierne sobre mi adorada, y ella yendo hacia ese lugar espantoso. … Mi único consuelo es que estamos en las manos de Dios. Solo por esa fe sería más fácil morir que vivir, y librarnos así de todos los problemas. El señor Morris y el doctor Seward habían salido en su largo paseo a caballo antes de que partiéramos; han de mantenerse por la orilla derecha, lo suficientemente lejos como para subir a tierras más altas desde donde puedan divisar un buen tramo de río y evitar seguir sus curvas. Tienen, para las primeras etapas, a dos hombres para cabalgar y llevar de la brida sus caballos de reserva—cuatro en total, para no despertar curiosidad. Cuando despidan a los hombres, lo cual será en breve, se encargarán ellos mismos de los caballos. Puede que sea necesario que unamos nuestras fuerzas; si es así, pueden montar a todo nuestro grupo. Una de las monturas tiene unapera móvil y puede adaptarse fácilmente para Mina, si fuera necesario. Es una aventura salvaje en la que nos hallamos. Aquí, mientras avanzamos velozmente a través de la oscuridad, con el frío del río que parece ascender y golpearnos; con todas las voces misteriosas de la noche a nuestro alrededor, todo cobra sentido. Parece que estuviéramos a la deriva hacia lugares desconocidos y caminos desconocidos; hacia todo un mundo de cosas oscuras y espantosas. Godalming está cerrando la portezuela del hogar. … 31 de octubre. —Seguimos apresurándonos. Ha llegado el día y Godalming duerme. Estoy de guardia. La mañana es terriblemente fría; el calor del hogar se agradece, aunque llevamos abrigos pesados de piel. Hasta ahora solo nos
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