señoría, consultaré con la Firma sobre el asunto y, en cualquier caso, me comunicaré con su señoría por el correo de esta noche. Será un placer si podemos desviarnos tanto de nuestras reglas como para dar la información requerida a su
Quería asegurarme un amigo, y no hacerme un enemigo, así que le di las gracias, le di la dirección de la clínica del Dr. Seward y me marché. Ya había oscurecido, y estaba cansado y hambriento. Tomé una taza de té en la Aërated Bread Company y regresé a Purfleet en el tren siguiente. Encontré a todos los demás en casa. Mina se veía cansada y pálida, pero hizo un valiente esfuerzo por mostrarse animada y alegre; me partía el corazón pensar que había tenido que ocultarle algo y haberle causado así inquietud. Gracias a Dios, esta será la última noche en que asista a nuestras conferencias y sienta el aguijón de que no le demostremos nuestra confianza. Me costó todo mi valor mantenerme firme en la sabia resolución de mantenerla al margen de nuestra sombría tarea. De algún modo parece más resignada; o tal vez el tema mismo le resulta repugnante, pues cuando se hace alguna alusión accidental, literalmente se estremece. Me alegro de que hayamos tomado nuestra decisión a tiempo, ya que, con un sentimiento como este, nuestro creciente conocimiento sería una tortura para ella. No pude hablarle a los demás del descubrimiento del día hasta que estuvimos a solas; así que, después de cenar —seguido de un poco de música para guardar las apariencias incluso entre nosotros—, llevé a Mina a su habitación y la dejé para que se fuera a la cama. La querida muchacha se mostró más cariñosa conmigo que nunca y se aferró a mí como si quisiera retenerme; pero había mucho de qué hablar y me marché. Gracias a Dios, el dejar de contarle cosas no ha alterado en nada nuestra relación.