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XXIII. Diario del Dr. Seward

pobre y atormentada dama. El primer turno le corresponde a Quincey, así que el resto de nosotros nos iremos a la cama tan pronto como podamos. Godalming ya se ha acostado, pues el suyo es el segundo turno. Ahora que mi trabajo ha terminado, yo también me iré a la cama.

Diario de Jonathan Harker. 3⁠–⁠4 de octubre, cerca de la medianoche. ⁠—Creí que el día de ayer no terminaría jamás. Sentía un anhelo ardiente de dormir, bajo la ciega creencia de que despertar equivaldría a hallar las cosas cambiadas, y de que cualquier cambio ahora tenía que ser para mejor. Antes de separarnos, discutimos cuál sería nuestro siguiente paso, pero no pudimos llegar a ninguna conclusión. Todo lo que sabíamos era que quedaba una caja de tierra, y que solo el Conde sabía dónde estaba. Si decide permanecer oculto, podrá burlarnos durante años; ¡y entretanto!⁠—el pensamiento es demasiado horrible, no me atrevo ni a pensar en ello ahora. Esto es lo que sé: que si alguna vez hubo una mujer que fuera la perfección misma, esa es mi pobre y agraviada adorada. La amo mil veces más por su dulce compasión de anoche, una compasión que hizo que mi propio odio hacia el monstruo pareciera despreciable. Seguro que Dios no permitirá que el mundo sea más pobre por la pérdida de semejante criatura. En esto reside mi esperanza. Todos vamos a la deriva hacia los arrecifes ahora, y la fe es nuestra única áncora. ¡Gracias a Dios! Mina está durmiendo, y durmiendo sin sueños. Temo cómo podrían ser sus sueños, con recuerdos tan terribles como cimiento. No ha estado tan tranquila, que yo haya visto, desde la puesta del sol. Entonces, durante un rato, se posó en su rostro una paz que era como la primavera tras los vendavales de marzo. Pensé en aquel momento que era la suavidad del crepúsculo rojo sobre

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