artículo especial y descriptivo para The Daily Telegraph. Pareció no darse cuenta, pero comentó que el hollín en Londres no era del todo tan malo como solía ser cuando él era estudiante aquí. Mañana recibiré su informe si le es posible elaborarlo. En cualquier caso, tendré una carta. > > “Bueno, en cuanto a la visita. Lucy estaba más alegre que el día en que la vi por primera vez y ciertamente se veía mejor. Había perdido algo de ese aspecto cadavérico que tanto te trastornó, y su respiración era normal. Fue muy dulce con el profesor (como lo es siempre) y trató de hacer que se sintiera a gusto, aunque pude ver que la pobre muchacha estaba haciendo un duro esfuerzo por lograrlo. Creo que Van Helsing también lo notó, pues vi la rápida mirada bajo sus cejas tupidas que conocía de antaño. Luego comenzó a charlar sobre todo menos sobre nosotros y las enfermedades, y con una gentileza tan infinita que pude ver cómo la simulación de animación de la pobre Lucy se fundía en la realidad. Entonces, sin ningún cambio aparente, condujo suavemente la conversación hacia su visita y dijo con suavidad: > > “ —Mi querida joven miss, tengo un gran placer porque usted es muy amada. Eso es mucho, querida mía, aun si hubiera algo que yo no veo. Me dijeron que estaba desanimada y que tenía una palidez cadavérica. A ellos les digo: «¡Puf!» —Y chasqueó los dedos hacia mí y continuó—: ¡Pero usted y yo les mostraremos cuán equivocados están! ¿Cómo puede él —y me señaló con la misma mirada y el mismo gesto con que una vez me señaló ante su clase en, o más bien después de, una ocasión particular de la que nunca deja de recordarme— saber algo sobre las señoritas? Él tiene a sus señoras
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IX. Carta de Mina Harker a Lucy Westenra
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