un escéptico, incapaz de ver más que una parodia de la amarga verdad en cualquier cosa sagrada o emocional, se habría conmovido hasta el fondo del corazón de haber visto a ese pequeño grupo de amigos amantes y devotos arrodillados en torno a aquella dama abatida y afligida; o de haber escuchado la tierna pasión de la voz de su esposo, que en tonos tan quebrados por la emoción a menudo tenía que detenerse para leer el sencillo y hermoso oficio del entierro de los muertos. Yo—yo no puedo continuar—las palabras—y—la v-voz—m-e f-fallan!». Tenía razón en su instinto. Por extraña que fuera, por bizarra que pudiera parecer en adelante incluso para nosotros, que sentimos su potente influjo en aquel momento, nos consoló mucho; y el silencio que anunciaba la inminente recaída de la Sra. Harker respecto a su libertad de alma no pareció tan cargado de desesperación para ninguno de nosotros como habíamos
Diario de Jonathan Harker. 15 de octubre, Varna. —Salimos de Charing Cross la mañana del 12, llegamos a París esa misma noche y tomamos los asientos que nos habían reservado en el Orient Express. Viajamos día y noche, y llegamos aquí sobre las cinco. Lord Godalming fue al consulado para ver si había llegado algún telegrama para él, mientras el resto de nosotros nos dirigíamos a este hotel, el Odessus. El viaje pudo haber tenido incidentes; sin embargo, yo tenía demasiadas ansias por seguir adelante como para prestarles atención. Hasta que la Czarina Catherine entre en el puerto, nada en el ancho mundo tendrá interés para mí. ¡Gracias a Dios! Mina está bien y parece ir recobrando fuerza; le está volviendo el color. Duerme muchísimo; durante todo el viaje durmió casi todo el tiempo. Antes del amanecer y del