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XXIV

ha permitido redimir un alma ya, y salimos como los antiguos caballeros de la Cruz para redimir más. Como ellos, viajaremos hacia el amanecer; y como ellos, si caemos, caemos por una buena causa». Se detuvo y yo dije:⁠— «Pero ¿no aceptará el conde su revés con sensatez? Ya que ha sido expulsado de Inglaterra, ¿no la evitará, como el tigre huye de la aldea de donde ha sido cazado?». «¡Ajá!», dijo, «su símil del tigre es bueno para mí, y lo adoptaré. Su devorador de hombres, como llaman en la India al tigre que una vez ha probado la sangre humana, no se preocupa ya por otra presa, sino que merodea sin cesar hasta conseguirla. Este que cazamos de nuestra aldea es también un tigre, un devorador de hombres, y nunca deja de merodear. Es más, él en sí mismo no es de los que se retiran y se quedan lejos. En su vida, su vida terrenal, cruzó la frontera turca y atacó a su enemigo en su propio terreno; fue repelido, pero ¿se quedó quieto? ¡No! Volvió una, otra y otra vez. Mire su persistencia y resistencia. Con el cerebro infantil que poseía, hace mucho tiempo concibió la idea de venir a una gran ciudad. ¿Qué hace? Descubre el lugar de todo el mundo más prometedor para él. Entonces se dispone deliberadamente a prepararse para la tarea. Averigua con paciencia exactamente cuál es su fuerza y cuáles son sus poderes. Estudia nuevos idiomas. Aprende una nueva vida social; un nuevo entorno de viejas costumbres, la política, la ley, las finanzas, la ciencia, las costumbres de una nueva tierra y de un nuevo pueblo que han surgido desde que él existía. El atisbo que ha tenido no hace más que aguzar su apetito y avivar su deseo. Es más, le ayuda a desarrollarse en cuanto a su cerebro; pues todo le demuestra cuán en lo cierto estaba desde el principio en sus conjeturas. ¡Ha hecho esto solo; completamente solo!

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