allí para ver cuando esa cicatriz roja, signo del conocimiento de Dios de lo que ha sido, desaparezca, y deje su frente tan pura como el corazón que conocemos. Porque tan cierto como que vivimos, esa cicatriz desaparecerá cuando Dios considere justo levantar la carga que pesa tanto sobre nosotros. Hasta entonces llevamos nuestra Cruz, como Su Hijo lo hizo en obediencia a Su Voluntad. Puede que seamos instrumentos elegidos de Su beneplácito, y que ascendamos a Su mandato como aquel otro a través de azotes y oprobio; a través de lágrimas y sangre; a través de dudas y temores, y todo lo que marca la diferencia entre Dios y el hombre». Había esperanza en sus palabras, y consuelo; e invitaban a la resignación. Mina y yo sentimos lo mismo y, simultáneamente, cada uno de nosotros tomó una de las manos del viejo anciano, se inclinó y la besó. Luego, sin decir una palabra, nos arrodillamos todos juntos y, tomados de las manos, juramos ser fieles los unos a los otros. Los hombres nos comprometimos a levantar el velo de tristeza de la cabeza de aquella a quien, cada uno a su manera, amábamos; y rezamos pidiendo ayuda y guía en la terrible tarea que teníamos ante nosotros. Era entonces la hora de partir. Así que me despedí de Mina, una despedida que ninguno de los dos olvidará hasta el día de su muerte; y emprendimos el camino. De una cosa me he convencido: si descubrimos que Mina ha de convertirse en un vampiro al final, entonces no irá sola a esa tierra desconocida y terrible. Supongo que es así como en los viejos tiempos un vampiro significaba muchos; del mismo modo que sus espantosos cuerpos solo
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Diario de Jonathan Harker
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