Helsing y le dije: —Ah, bien, pobre muchacha, al fin hay paz para ella. ¡Es el final! Él se volvió hacia mí y me dijo con grave solemnidad: —No es así; ¡ay, no es así! ¡Es solo el principio! Cuando le pregunté qué quería decir, solo sacudió la cabeza y respondió: —Aún no podemos hacer nada. Esperemos a ver.
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XII. Diario del Dr. Seward
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