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XVII. Diario del Dr. Seward

pero nadie pudo añadir nada a la simple descripción «Cincuenta cajas de tierra común». Luego vi al jefe de estación, quien amablemente me puso en contacto con los hombres que habían recibido realmente las cajas. Su recuento coincidía exactamente con la lista, y no tenían nada que añadir, salvo que las cajas eran «pesadas de cojones y de muerte», y que trasladarlas era un trabajo sediento. Uno de ellos añadió que era una faena que no hubiera ningún caballero «así como usted, señor», para mostrar algún tipo de reconocimiento a sus esfuerzos en forma líquida; otro añadió por su cuenta que la sed generada entonces era tal que ni siquiera el tiempo transcurrido la había mitigado por completo. Huelga añadir que me encargué antes de partir de eliminar, para siempre y de manera adecuada, este motivo de reproche. 30 de septiembre. ⁠—El jefe de estación tuvo la gentileza de darme una nota para su viejo compañero el jefe de estación de King’s Cross, de modo que cuando llegué allí por la mañana pude preguntarle por la llegada de las cajas. Él también me puso de inmediato en contacto con los funcionarios adecuados, y comprobé que su recuento coincidía con la factura original. Las oportunidades de adquirir una sed anormal habían estado limitadas allí; sin embargo, se había hecho un uso noble de ellas, y de nuevo me vi obligado a lidiar con el resultado de manera ex post facto. De allí fui a la oficina central de Carter Paterson, donde me trataron con la mayor cortesía. Buscaron la transacción en su libro diario y copiador de cartas, y llamaron inmediatamente por teléfono a su oficina de King’s Cross para pedir más detalles. Por buena fortuna, los hombres que habían hecho el transporte estaban esperando trabajo, y el funcionario los envió enseguida,

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