su corazón y sus ojos puede ser la mañana. Cuando el sol subió tanto esta mañana que dio contra la parte superior del gran portal frente a mi ventana, el punto elevado que tocó me pareció como si la paloma del arca se hubiera posado allí. Mi miedo se desprendió de mí como si hubiera sido un ropaje vaporoso que se disolvía con el calor. Debo tomar algún tipo de acción mientras el valor del día esté conmigo. Anoche salió una de mis cartas con fecha posterior, la primera de esa serie fatal que ha de borrar hasta los rastros de mi existencia de la tierra. > > ¡No debo pensar en ello. Acción! > > Siempre ha sido de noche cuando me han molestado o amenazado, o me he hallado de algún modo en peligro o temor. Todavía no he visto al Conde a la luz del día. ¿Será posible que duerma cuando los demás velan, para poder velar mientras los demás duermen? ¡Si tan solo pudiera entrar en su habitación! Pero no hay manera posible. La puerta está siempre con llave, no hay forma para mí. > > Sí, hay una manera, si uno se atreve a tomarla. ¿Por dónde ha ido su cuerpo, por qué no ha de ir otro cuerpo? Yo mismo le he visto arrastrarse desde su ventana. ¿Por qué no he de imitarle y entrar por su ventana? Las probabilidades son desesperadas, pero mi necesidad lo es aún más. Me arriesgaré. En el peor de los casos no puede ser más que la muerte; y la muerte de un hombre no es la de un ternero, y el temido Más Allá aún puede estar abierto para mí. ¡Dios me ayude en mi tarea! Adiós, Mina, si fracaso; adiós, mi fiel amigo y segundo padre; ¡adiós, todos, y última de todas,
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Diario de Jonathan Harker
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