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6 de septiembre

también. Puedes tumbarte en el sofá, pues sé que nada induciría a ninguno de vosotros los médicos a iros a la cama mientras haya un paciente a la vista. Si necesito algo, llamaré y podrás venir a verme al instante». No tuve más remedio que asentir, porque estaba «cansado como un perro» y no me habría podido mantener despierto ni aunque lo hubiera intentado. Así pues, tras renovar ella su promesa de llamarme si necesitaba algo, me tumbé en el sofá y me olvidé por completo de

Diario de Lucy Westenra. 9 de septiembre. —Me siento tan feliz esta noche. He estado tan miserablemente débil, que poder pensar y moverme es como sentir la luz del sol tras una larga racha de viento del este bajo un cielo de acero. De algún modo, siento a Arthur muy, muy cerca de mí. Me parece percibir su presencia cálida a mi alrededor. Supongo que la enfermedad y la debilidad son cosas egoístas que vuelven nuestros ojos interiores y nuestra compasión hacia nosotros mismos, mientras que la salud y la fuerza le dan rienda suelta al amor, y en el pensamiento y el sentimiento este puede vagar a donde quiera. Sé dónde están mis pensamientos. ¡Si Arthur tan solo lo supiera! Querido mío, querido mío, tus oídos deben zumbar mientras duermes, como zumban los míos mientras estoy despierta. ¡Oh, el apacible descanso de anoche! Cómo dormí, con ese querido y buen doctor Seward vigilándome. Y esta noche no temeré dormir, ya que él está muy cerca y a mi llamada. ¡Gracias a todos por ser tan buenos conmigo! ¡Gracias a Dios! Buenas noches, Arthur.

Diario del Dr. Seward. 10 de septiembre. ⁠—Sentí la mano del Profesor sobre mi cabeza y me desperté de golpe en un segundo. Eso es una de las cosas que se aprenden en

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