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6 de septiembre

la idea con desdén, señalando la renovada fuerza y el excelente ánimo de su hija. No obstante, me mantuve firme y preparé los enseres para mi larga vigilia. Cuando su doncella la hubo preparado para la noche, entré, habiendo cenado mientras tanto, y tomé asiento junto a la cama. Ella no puso objeción alguna, sino que me miró con gratitud cada vez que nuestros ojos se encontraban. Tras un largo rato pareció ir quedándose dormida, pero con un esfuerzo pareció recomponerse y se quitó el sueño de encima. Esto se repitió varias veces, con mayor esfuerzo y pausas más corta a medida que avanzaba el tiempo. Era evidente que no quería dormir, así que abordé el tema de inmediato:⁠— «¿No quieres dormir?». «No; tengo miedo». «¡Miedo a dormir! ¿Por qué? Es el favor que todos anhelamos». «Ah, ¡no si estuvieras en mi lugar, si el sueño fuera para ti un presagio de horror!». «¡Un presagio de horror! ¿Qué diablos quieres decir?». «No lo sé; oh, no lo sé. Y eso es lo que resulta tan terrible. Toda esta debilidad me sobreviene en sueños; hasta que le temo al solo hecho de pensar en ello». «Pero, querida niña, puedes dormir esta noche. Yo estoy aquí vigilándote y te prometo que no pasará nada». «¡Ah, en ti sí puedo confiar!». Aproveché la oportunidad y le dije: «Te prometo que si veo cualquier indicios de malos sueños te despertaré al instante». «¿Lo harás? Oh, ¿de verdad lo harás? Qué bueno eres conmigo. ¡Entonces dormiré!». Y casi al decirlo soltó un profundo suspiro de alivio y se dejó caer hacia atrás, dormida. Durante toda la noche velé junto a ella. No se movió en ningún momento, sino que siguió durmiendo y durmiendo en un sueño profundo, tranquilo, vivificador y saludable. Sus labios estaban ligeramente entreabiertos y su pecho subía y bajaba con la regularidad de un péndulo. Había

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