su propia cuenta. Así puedo terminar este diario; y solo Dios sabe si alguna vez empezaré otro. Si lo hago, o si tan solo vuelvo a abrir este, será para tratar con personas diferentes y temas distintos; pues aquí al final, donde se cuenta el romance de mi vida, antes de regresar para retomar el hilo de la labor de mi existencia, digo con tristeza y sin esperanza:
El vecindario de Hampstead se encuentra alborotado en estos momentos por una serie de acontecimientos que parecen transcurrir en paralelo a los de aquello que los redactores de titulares bautizaron como «El horror de Kensington», «La mujer apuñaladora» o «La mujer de negro». Durante los últimos dos o tres días se han dado varios casos de niños pequeños que se han extraviado de sus casas o que no han vuelto a la hora de sus juegos en el Heath. En todos estos casos los niños eran demasiado pequeños para dar una explicación sensata de sí mismos, pero la coincidencia en sus excusas es que habían estado con una «dama hermosa» [bloofer lady]. Siempre ha anochecido cuando se les ha echado en falta y, en dos ocasiones, no se ha encontrado a los niños hasta la madrugada siguiente. Se supone por lo general en el vecindario que, dado que el primer niño desaparecido dio como motivo de su ausencia que una «dama hermosa» le había pedido que fuera a dar un paseo, los demás adoptaron la frase y la utilizaron según se presentaba la ocasión. Esto es tanto más natural cuanto que el juego favorito de los pequeños en la actualidad es atraer a los demás con artimañas para que los sigan. Un corresponsal nos escribe que ver a algunos de los renacuajos fingir ser la «dama hermosa» resulta sumamente divertido. Algunos de nuestros caricaturistas podrían, según dice, aprender una