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IX. Carta de Mina Harker a Lucy Westenra

sus luces luridas, sus sombras oscuras como la tinta y todos los matices maravillosos que aparecen en las nubes sucias igual que en el agua sucia, y tomar conciencia de toda la lúgubre severidad de mi propio edificio de piedra fría, con su caudal de miseria viviente, y de mi propio corazón desolado para soportarlo todo. Llegué hasta él justo cuando el sol se ponía y, desde su ventana, vi hundirse el disco rojo. A medida que se hundía, fue perdiendo el frenesí; y justo al ocultarse, se escurrió de las manos que lo sostenían, convertido en una masa inerte sobre el suelo. Es sorprendente, sin embargo, el poder de recuperación intelectual que tienen los locos, pues a los pocos minutos se puso en pie con total tranquilidad y miró a su alrededor. Hice una seña a los celadores para que no lo sujetaran, pues tenía muchas ganas de ver qué hacía. Fue directo a la ventana y barrió las migajas de azúcar; luego cogió su caja de moscas, la vació afuera y tiró la caja; a continuación cerró la ventana y, cruzando la estancia, se sentó en su cama. Todo esto me sorprendió, así que le pregunté: «¿Ya no vas a guardar moscas?». «No —dijo—; ¡estoy harto de toda esa basura!». Sin duda es un estudio maravillosamente interesante. Ojalá pudiera vislumbrar algo de su mente o de la causa de su repentina furia. Un momento; tal vez haya una pista después de todo, si logramos averiguar por qué hoy sus paroxismos se desataron a mediodía y al atardecer. ¿Podría ser que exista una influencia maligna del sol en ciertos períodos que afecte a determinadas naturalezas —como a veces la luna afecta a otras—? Ya

“ 4 de septiembre. ⁠— El paciente sigue mejor hoy. ”

“ 5 de septiembre. Paciente muy mejorado. Buen apetito; duerme con naturalidad; buen estado de ánimo; recuperando el color. ”

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