muchos barcos levando ancla en este momento en vuestro tan magno Puerto de Londres. ¿Cuál de ellos es el que buscáis? ¡Gracias a Dios que tenemos una vez más una pista, aunque hacia dónde nos lleve no lo sabemos! Hemos estado algo ciegos; ciegos al modo de los hombres, ¡ya que cuando podemos mirar atrás vemos lo que podríamos haber visto mirando hacia adelante si hubiéramos podido ver lo que podríamos haber visto! Ay, pero esa frase es un charco; ¿no es así? Podemos saber ahora lo que pasaba por la mente del Conde cuando se apoderó de ese dinero, aunque el cuchillo tan feroz de Jonathan lo puso en el peligro que hasta él teme. Él planeaba la huida. ¡Escuchadme, huida! Vio que, con una sola caja de tierra restante, y una jauría de hombres persiguiendo como perros tras un zorro, este Londres no era lugar para él. Ha llevado su última caja de tierra a bordo de un barco y abandona la tierra firme. ¡Piensa en escapar, pero no! nosotros lo seguimos. ¡Tally Ho!, ¡como diría el amigo Arthur cuando se pone su casaca roja! Nuestro viejo zorro es astuto; ¡oh!, muy astuto, y debemos seguirlo con astucia. Yo también soy astuto y en breve conoceré su mente. Mientras tanto podemos descansar y en paz, pues hay aguas entre nosotros que él no quiere cruzar, y que no podría aunque quisiera—a menos que el barco tocara tierra, y aun así solo con marea alta o muerta. Mirad, el sol acaba de salir, y tenemos todo el día hasta el atardecer. Tomemos un baño, vistámonos y desayunemos, lo cual todos necesitamos y podemos comer con tranquilidad ya que él no se encuentra en la misma tierra que
Mina lo miró de manera suplicante mientras le preguntaba:—