Jonathan. Hacía tiempo que no sabía de Jonathan, y estaba muy inquieta; pero ayer el querido señor Hawkins, que siempre es tan amable, me envió una carta suya. Yo le había escrito preguntándole si sabía algo, y él me dijo que acababa de recibir la adjunta. Es solo unas líneas fechadas en el castillo Drácula, y dice que está a punto de emprender el viaje de regreso. Eso no se parece en nada a Jonathan; no lo entiendo, y me inquieta. Luego está también Lucy, que aunque se encuentra muy bien, ha recaído últimamente en su vieja costumbre de sonámbula. Su madre me ha hablado de ello, y hemos decidido que sea yo quien cierre con llave la puerta de nuestra habitación todas las noches. A la señora Westenra se le ha metido en la cabeza que los sonámbulos siempre van por los tejados de las casas y por los bordes de los acantilados, y que de pronto se despiertan y caen al vacío con un grito de desesperación que resuerce por todas partes. Pobre querida, es natural que esté preocupada por Lucy, y me cuenta que su marido, el padre de Lucy, tenía la misma costumbre; que se levantaba por la noche, se vestía y salía si no se lo impedían. Lucy se casará en otoño, y ya está planeando sus vestidos y cómo ha de arreglar su casa. Me compadezco de ella, pues yo hago lo mismo, solo que Jonathan y yo empezaremos la vida de un modo muy sencillo y tendremos que esforzarnos para llegar a fin de mes. El señor Holmwood—el honorable Arthur Holmwood, único hijo de Lord Godalming— vendrá por aquí muy pronto—en cuanto pueda dejar la ciudad, pues su padre no se encuentra muy bien, y creo que la querida Lucy está contando los minutos hasta que llegue. Quiere llevarlo al banco del acantilado del cementerio y mostrarle la belleza de Whitby. Me atrevo a decir que es la espera lo que la altera; estará bien cuando él llegue. 27 de julio.
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VI. Diario de Mina Murray
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