22 de julio.—Tiempo recio los últimos tres días, y todos a bordo ocupados con las velas—sin tiempo para asustarse. Los hombres parecen haber olvidado su temor. El segundo alegre de nuevo, y todos en buenos términos. Elogié a los hombres por el trabajo con mal tiempo. Pasamos Gibraltar y salimos por el Estrecho. Todo bien.
24 de julio.—Parece haber algún sino fatal sobre este barco. Ya con un tripulante menos, y adentrándonos en el golfo de Bizkaia con mal tiempo por delante, y anoche otro hombre perdido—desaparecido. Como el primero, bajó de su guardia y no volvió a ser visto. Todos los hombres presa del pánico; enviaron un escrito anónimo firmado en círculo, pidiendo hacer doble guardia, pues temen quedarse solos. El segundo en discordia, enfadado. Temo que haya algún problema, ya que él o los hombres cometerán algún acto de violencia.
28 de julio.—Cuatro días en el infierno, dando tumbos en una especie de vorágine, y el viento hecho tempestad. Nadie ha dormido. Los hombres, agotados. Apenas sé cómo montar guardia, ya que nadie está en condiciones