CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 526 de 536
Table of Contents

XXVI

señora Mina; ella estará a mi cuidado, si puedo. Soy viejo. Mis piernas no son tan rápidas para correr como antes; y no estoy acostumbrado a cabalgar tanto tiempo ni a perseguir según sea necesario, ni a luchar con armas letales. Pero puedo ser de otra utilidad; puedo luchar de otra manera. Y puedo morir, si es preciso, tan bien como los hombres más jóvenes. Ahora déjenme decir que lo que quiero es esto: mientras ustedes, mi lord Godalming y el amigo Jonathan, van en su velocísimo botecito de vapor río arriba, y mientras John y Quincey custodian la orilla por donde acaso pudiera desembarcar, yo llevaré a la señora Mina directo al corazón del país del enemigo. Mientras el viejo zorro está atado en su caja, flotando en la corriente veloz de donde no puede escapar a tierra —donde no se atreve a levantar la tapa de su caja-ataúd no sea que sus porteadores eslovacos lo abandonen por miedo a perecer—, seguiremos la ruta que recorrió Jonathan —desde Bistritz a través de los Borgo— y encontraremos el camino hacia el Castillo de Drácula. Aquí, el poder hipnótico de la señora Mina sin duda ayudará, y encontraremos el camino —por lo demás totalmente oscuro y desconocido— después del primer amanecer cuando estemos cerca de ese lugar fatídico. Hay mucho por hacer, y otros lugares que santificar, para que ese nido de víboras sea aniquilado. Aquí Jonathan lo interrumpió con vehemencia:⁠— —¿Quiere decir, profesor Van Helsing, que llevaría a Mina, en su triste situación y manchada como está con la enfermedad de ese demonio, directo a las fauces de su trampa mortal? ¡Ni por todo el oro del mundo! ¡Ni por el Cielo ni por el Infierno!

526