hablar en común. Conocimos hace algún tiempo a un hombre que te vendría como anillo al dedo , si no estuvieras ya comprometida con Jonathan. Es un excelente parti , ya que es apuesto, acomodado y de buena cuna. Es médico y verdaderamente listo. ¡Imagina! Tiene solo veintinueve años, y un inmenso manicomio enteramente a su cargo. El señor Holmwood me lo presentó, vino a vernos por aquí y ahora viene a menudo. Creo que es uno de los hombres más resueltos que he visto en mi vida, y a la vez el más tranquilo. Parece absolutamente imperturbable. Puedo imaginar el poder tan maravilloso que debe de ejercer sobre sus pacientes. Tiene la extraña costumbre de mirarle a una fijamente a los ojos, como si tratara de leerle los pensamientos. Intenta esto muchísimo conmigo, pero me alago a mí misma pensando que ha dado con un hueso duro de roer. Eso lo sé por mi espejo. ¿Intentas alguna vez leer tu propia cara? Yo lo hago , y te aseguro que no es un mal estudio, y te da más quebraderos de cabeza de los que te puedes imaginar si nunca lo has intentado. Dice que le ofrezco un estudio psicológico curioso, y humildemente creo que sí. No tengo, como sabes, el suficiente interés en los vestidos como para poder describir las nuevas modas. Vestirse es un rollo. Eso es jerga otra vez, pero no importa; Arthur lo dice todos los días. Hala, ya está todo dicho. Mina, nos hemos contado todos nuestros secretos la una a la otra desde que éramos niñas ; hemos dormido juntas y comido juntas, y reído y llorado juntas; y ahora, aunque he hablado, me gustaría hablar más. Oh, Mina, ¿no podrías adivinarlo? Le amo. Me estoy sonrojando mientras escribo, pues aunque creo que él me ama, no me lo ha dicho con palabras. Pero oh, Mina, ¡lo amo; lo amo; lo amo! Hala, eso me hace bien. Desearía
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V. 9 de mayo
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