momento. > > Primero, preguntó si un hombre en Inglaterra podía tener dos o más procuradores. Le dije que podía tener una docena si lo deseaba, pero que no sería prudente tener a más de uno ocupado en una misma transacción, ya que solo uno podía actuar a la vez, y que cambiar iría sin duda en contra de sus intereses. Pareció comprenderlo a la perfección, y continuó preguntando si habría alguna dificultad práctica en encargar, digamos, los asuntos bancarios a un hombre, y que otro se ocupara de los envíos marítimos, en caso de necesitar ayuda local en un lugar lejano al domicilio del procurador bancario. Le pedí que se explayara más para no correr el riesgo de llevarlo a error, a lo que respondió:— > > «Ilustraré mi punto. Su amigo y el mío, el señor Peter Hawkins, desde la sombra de su hermosa catedral en Exeter, que dista mucho de Londres, compra para mí, a través de su amable persona, mi propiedad en Londres. ¡Bien! Ahora permítame decir aquí con franqueza, no sea que le parezca extraña mi elección de recurrir a los servicios de alguien tan alejado de Londres en lugar de a un residente de allí, que mi motivo fue que no se sirviera ningún interés local que no fuera estrictamente mi deseo; y como alguien residente en Londres tal vez pudiera tener algún propósito propio o de un amigo que satisfacer, busqué así a mi agente en la lejanía, para que su labor se debiera únicamente a mi interés. Ahora bien, supóngase que yo, que tengo muchos asuntos entre manos, deseo enviar mercancías, digamos, a Newcastle, o a Durham, o a Harwich, o a Dover, ¿no podría hacerse con mayor facilidad consignándolas a alguien en esos puertos?». Respondí que por supuesto sería sumamente fácil, pero que nosotros, los
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III. Diario de Jonathan Harker
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