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XIV. Diario de Mina Harker

llegado el momento. Cuando llegué a casa anoche, Mina tenía la cena lista y, tras cenar, me habló de la visita de Van Helsing, de cómo le había entregado los dos diarios copiados y de lo mucho que se había preocupado por mí. Me mostró en la carta del doctor que todo lo que escribí era verdad. Parece haberme convertido en un hombre nuevo. Fue la duda sobre la realidad de todo aquello lo que me derrumbó. Me sentía impotente, a oscuras y desconfiado. Pero, ahora que lo sé, no tengo miedo, ni siquiera del Conde. Después de todo, ha tenido éxito en su propósito de llegar a Londres, y fue a él a quien vi. Ha rejuvenecido, ¿y cómo? Van Helsing es el hombre idóneo para desenmascararlo y darle caza, si es algo parecido a lo que dice Mina. Nos quedamos hasta tarde hablando de todo esto. Mina se está arreglando, y dentro de unos minutos pasaré por el hotel para traerlo.⁠ ⁠... Me sorprendió, creo, al verme. Cuando entré en la habitación donde estaba y me presenté, me cogió del hombro, me volvió la cara hacia la luz y dijo, tras un agudo examen:⁠— «Pero la señora Mina me dijo que estaba enfermo, que había sufrido una conmoción». Qué gracioso me resultó oír llamar a mi esposa «señora Mina» a aquel anciano bondadoso y de rostro enérgico. Sonreí y dije:⁠— «Estuve enfermo, he tenido una conmoción; pero usted ya me ha curado». «¿Y cómo?» «Con su carta a Mina anoche. Yo albergaba dudas y entonces todo adquirió un tinte de irrealidad, y no sabía en qué confiar, ni siquiera en el testimonio de mis propios sentidos. Al no saber en qué confiar, no sabía qué hacer; de modo que solo me quedaba seguir trabajando en lo que hasta entonces había sido la rutina de mi vida. La rutina dejó de serme útil y perdí la confianza en mí mismo. Doctor, no sabe lo que es

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