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VI. Diario de Mina Murray

la cabeza como pueden por orgullo, están torcidas; se caen de puro peso por las mentiras escritas en ellas: "Aquí yace el cuerpo" o "Consagrado a la memoria" escrito en todas y, sin embargo, en casi la mitad de ellas no hay cuerpo alguno; y a los recuerdos de esos difuntos no les importa un brizna de tabaco, y mucho menos lo sagrado. ¡Mentiras todas ellas, nada más que mentiras de un tipo u otro! ¡Voto al cielo que será un revuelo curioso el Día del Juicio cuando salgan tambaleándose con sus mortajas, todos apelotonados e intentando arrastrar sus lápidas con ellos para demostrar lo buenos que eran; algunos de ellos temblando y tiritando, con las manos tan entumecidas y resbaladizas por haber estado en el mar que ni siquiera pueden mantener el agarre de las piedras!» Pude ver, por el aire de autosatisfacción del viejo y por la forma en que miraba a su alrededor buscando la aprobación de sus compinches, que estaba «presumiendo», así que metí baza para que siguiera:⁠— «Oh, señor Swales, no puede hablar en serio. ¿Acaso estas lápidas no dicen la verdad?» «¡Vaya! Puede que haya unas pocas que no mientan, salvo cuando presentan a la gente como demasiado buena; porque hay quienes creen que su propia taza de caldo es como el mar. ¡Todo el asunto no son más que mentiras! Ahora escuche: usted viene aquí como forastera y ve este camposanto». Asentí, pues creí mejor secundarlo, aunque no entendía del todo su dialecto. Sabía que tenía algo que ver con la iglesia. Y continuó: «¿Y se figura que todas estas piedras están sobre gente que ha sido enterrada aquí, bien y a gusto?». Volví a asentir. «Pues ahí es justo donde está la mentira. ¡Vaya!, hay decenas de estas tumbas que están más vacías que la tabaquera del viejo Dun un viernes por la noche». Le dio uncodazo a uno de sus compañeros,

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