CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 210 de 536
Table of Contents

El diario de Lucy Westenra

animal en sí era tan pacífico y educado como el padre de todos los lobos de cuento: el otrora amigo de Caperucita Roja, mientras se ganaba su confianza disfrazado. Toda la escena era una indescriptible mezcla de comedia y patetismo. El malvado lobo que durante medio día había paralizado a Londres y hecho temblar a todos los niños de la ciudad estaba allí en un estado como de arrepentimiento, y fue recibido y mimado como una especie de hijo pródigo vulpino. El viejo Bilder lo examinó de arriba abajo con la más tierna solicitud, y al terminar con su penitente dijo: —¡Vaya!, ya sabía yo que el pobre viejo se metería en algún lío; ¿no lo he venido diciendo todo este tiempo? Si tiene la cabeza toda cortada y llena de cristales rotos. Ha estado saltando algún maldito muro o algo así. Es una pena que la gente pueda rematar sus paredes con botellas rotas. Esto es lo que pasa por hacerlo. Ven por aquí, Bersicker. Cogió al lobo y lo encerró en una jaula, con un trozo de carne que satisfacía, al menos en cantidad, los requisitos elementales del ternero engordado, y se fue a dar el parte. Yo me marché también para informar de la única exclusiva que se da hoy sobre la extraña escapada en el zoo.

Dr. Seward’s Diary. 17 September. ⁠—I was engaged after dinner in my study posting up my books, which, through press of other work and the many visits to Lucy, had fallen sadly into arrear. Suddenly the door was burst open, and in rushed my patient, with his face distorted with passion. I was thunderstruck, for such a thing as a patient getting of his own accord into the Superintendent’s study

210