debe haber secretos ni ocultaciones. He sufrido una gran conmoción, y cuando intento pensar en lo que es, siento que la cabeza me da vueltas y no sé si todo fue real o el sueño de un loco. Ya sabes que he tenido fiebre cerebral, y eso es estar loco. El secreto está aquí, y no quiero saberlo. Quiero retomar mi vida aquí, con nuestro matrimonio’. Porque, querida, habíamos decidido casarnos en cuanto se completaran los trámites. ‘¿Estás dispuesta, Wilhelmina, a compartir mi ignorancia? Aquí está el libro. Tómalo y guárdalo, léelo si quieres, pero no me dejes saberlo nunca; a menos que, en verdad, recaiga sobre mí el solemne deber de volver a los amargos momentos, dormido o despierto, cuerdo o loco, aquí registrados’. Cayó hacia atrás, exhausto, y yo metí el libro bajo su almohada y lo besé. Le he pedido a la hermana Ágata que le ruegue a la madre superiora que nuestra boda sea esta tarde, y estoy esperando su respuesta. … > > “Ha venido a decirme que ya han enviado a buscar al capellán de la iglesia de la misión inglesa. Nos casaremos dentro de una hora, o en cuanto se despierte Jonathan. … > > “Lucy, el momento ha llegado y ha pasado. Me siento muy solemne, pero muy, muy feliz. Jonathan se despertó un poco después de la hora prevista, todo estaba listo y se incorporó en la cama, apoyado en almohadas. Respondió a su «sí, quiero» con firmeza y fuerza. Apenas podía hablar; tenía el corazón tan encogido que hasta esas palabras parecían ahogarme. Las queridas hermanas fueron muy amables. Dios mediante, nunca, nunca las olvidaré, ni las graves y dulces responsabilidades que he asumido. Debo hablarte de mi regalo de bodas. Cuando el capellán y las hermanas me dejaron a solas con mi esposo
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IX. Carta de Mina Harker a Lucy Westenra
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